El Jesús en la boca

Salvador Hernández Vélez
Salvador Hernández Vélez

Por la posición asumida por el nuevo Presidente de los EU, podemos concluir que estamos ante una guerra cantada, no militar, pero sí comercial, política y mediática con Estados Unidos, y en consecuencia –como decía mi abuela– a diario nos amanecemos con “el Jesús en la boca”. Estamos asustados ante las declaraciones proteccionistas de Trump, incluyendo la posible salida del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y las amenazas sobre las empresas estadounidenses con inversiones en nuestro País.

Pero también desde otra perspectiva, ¿por qué no tomarlas como un llamado a la imperiosa necesidad de definir una nueva agenda de desarrollo? Una propuesta que haga a un lado el crecimiento soportado en las exportaciones, que nos han hecho dependientes del vecino del norte. Urge contar con una política industrial y diversificarnos hacia otros continentes. Es tiempo de reconocer el fracaso de esta estrategia.

Aunque cada vez que ha habido “Reformas estructurales” nos han dicho que ahora sí vamos a crecer al ritmo que requerimos. Sin embargo, nuestra economía ha estado hundida por sexenios, y no se ve por dónde mejorará. Este deterioro del crecimiento se exacerbó en la crisis financiera internacional de 2008-2009 y trajo la pérdida aguda del dinamismo del comercio mundial. Hasta hoy en día no se ha recuperado. Ni se ve por dónde.

En los próximos meses y en todo el cuatrienio, por el estilo de Trump podemos asegurar que las relaciones entre Estados Unidos y México se tensarán aún más, pues no se vislumbran indicios de cambio en la posición del Presidente norteamericano. El triunfo del candidato republicano provocó en todo el orbe perplejidad y pasmo. Ganó mediante una campaña política que privilegió la descalificación. El cumplimiento de sus promesas perfilan una ruptura con la política económica y social norteamericana en las últimas administraciones, tanto de demócratas como de republicanos. Y sus primeras acciones sobre el contexto mundial, revelan vuelcos en materia comercial, militar, de seguridad y de cambio climático, entre otras. Todo ello genera una sensación de incertidumbre, que mantiene a la comunidad internacional, como decimos en mi pueblo, “con el Jesús en la boca”.

El hoy presidente Donald Trump arrancó su candidatura culpando a nuestro País de la pérdida de empleos manufactureros. Ganó adeptos en la medida que generó un clima de animadversión contra los trabajadores migrantes, los acusó de todo tipo de manifestaciones de violencia y criminalidad. Ahora más que incertidumbre, pesa sobre nuestro País una amenaza, grave y clara.

Ya desde 1994, cuando se publicó el libro “The Bell Curve”, que justifica el pensamiento ultraconservador y racista –dizque desde una posición científica–, el del dominio de los “superiores”, los blancos, dada su “preeminencia genética” que según esto les favorece. Las conclusiones en ese texto de Murray y Herrnstein sobre la superioridad de la raza blanca o aria, justifican su cruzada contra los migrantes, a quienes acusan de empeorar los niveles de inteligencia nacional y disminuir la capacidad productiva de los Estados Unidos. ¿A dónde lleva todo esto? En la historia tenemos el ejemplo de los esclavos, una vez despojados de su condición de humanos, se les hizo objeto de las peores infamias. De la misma forma, si a los migrantes mexicanos, como sostienen los ultraconservadores, la naturaleza los hizo viciosos, flojos e indolentes, es excusable el pago de salarios menores, las expulsiones y los malos tratos.

Ante el nuevo e inesperado escenario provocado por el presidente Trump, es indispensable responder a esta difícil situación en función del interés nacional de largo plazo. Ello demanda una nueva vía de desarrollo, una que responda a un desarrollo con sello propio. Los muros físicos y mentales siempre han sido superados por la imaginación y la realidad, ahora no será la excepción. Nuestra historia muestra que hemos salido adelante de crisis e intimidaciones peores, como en 1859, cuando el Gobierno de Benito Juárez sorteó a la vez la inminente invasión española y la norteamericana, en plena guerra civil. El concierto internacional de naciones está de nuestro lado. Superaremos de nuevo estas circunstancias, sin duda. A pesar de que algunas apariencias muestren lo contrario, México no está para aceptar ultimátum de nadie, por ello debemos de sacudirnos “el Jesús en la boca”.

jshv0851@gmail.com

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