Empezó el show

Salvador Hernández Vélez
Salvador Hernández Vélez

El pasado 20 de enero, Trump se convirtió en el presidente número 45 de Estados Unidos. Es el de mayor de edad al asumir la máxima silla de poder del país vecino y también el más pendenciero. Amenaza a todos. Lo mismo a mexicanos que a empresarios de su país y de otras latitudes. Reta a los medios de comunicación, así como a los gobernantes de otros estados-nación.

El nuevo líder mundial no integró ningún latino en su gabinete. Es la primera vez desde hace veinticinco años que la minoría latina, que es el 18 por ciento de los estadounidenses, está expatriada. Trump acusó de forma perversa a los mexicanos-estadounidenses de ser lo peor. Él y sus consejeros neofascistas se sienten hombres blancos agraviados y ven en los latinos, y en su inmigración a EU, una competencia para el dominio blanco que hay que parar y revertir.

Respecto a la equidad de género en el gobierno de Trump hay un significativo retroceso. Barack Obama nombró en 2009 más mujeres que ningún presidente anterior (un total de ocho al frente de las Secretarías de Estado, Seguridad Nacional, Interior, Comercio, Trabajo, Salud y Servicios Humanos, la Fiscal General del Estado, además de la Embajadora ante la ONU). El gabinete del actual presidente representa un paso atrás, muy preocupante. Cabe destacar el siguiente dato: EU es un país donde solo han tenido 32 mujeres en sus gabinetes presidenciales en toda su historia.

Por primera vez desde 1993, ninguna mujer estará al frente de alguno de los cuatro grandes Departamentos: Estado, Defensa, Tesoro o Justicia, aquellos que pesan más en cualquier administración, y desde luego, también en la primera potencia económica mundial.

Trump ganó a pesar de haber planteado eliminar la financiación de la planificación familiar, y cuestionó en su campaña la necesidad de combatir la brecha salarial. Pero a pesar de ello, ganó el voto de las mujeres blancas. Un 53 por ciento frente a un 43 que votó a Hillary Clinton.

Lo más grave es que a unas horas de haber asumido el poder ya hay voces que anuncian situaciones catastróficas de diferente tipo. Por ejemplo Willy Wimper, exsecretario de Estado del Ministerio de Defensa de Alemania, cree “que en Washington los perdedores de las elecciones no quieren aceptar al nuevo presidente” y “lo que ocurre suena al principio de una guerra civil”, agrega que “en EU hay una red de resistencia contra el nuevo presidente.”

Por su parte, Paul Craig Roberts, exfuncionario del Tesoro del gobierno de Reagan, comenta que la situación se está poniendo grave: “Si los oligarcas neoconservadores o de seguridad militar están dispuestos a actuar tan públicamente en violación de la ley contra un presidente entrante que podría acusarles y someterles a juicio por alta traición, ¿estarían dispuestos a asesinar al presidente electo?” Apenas empieza y ya hablan de la posibilidad de asesinato.

Por otra parte, los problemas que se avecinan también son de otra índole, por ejemplo, el gabinete de Trump es de multimillonarios que piensan que los pobres y la clase trabajadora no son ricos porque son flojos. Andrew Puzder, el nuevo secretario de trabajo, cree que los trabajadores no deben tener descansos y se opone a cualquier aumento del salario mínimo.

El proteccionismo ha vuelto también y permanecerá, hasta que le caiga encima a la economía estadounidense. En su toma de posesión se refirió a cómo, durante décadas se enriqueció a la industria extranjera a expensas de la industria estadounidense. Mencionó que bajo el esquema anterior “una por una, las fábricas se cerraron (…) sin siquiera pensar en los millones y millones de trabajadores estadounidenses que quedaron atrás”. Pero no dice que fueron las trasnacionales las que se trasladaron fuera por los altos costos salariales dentro de EEUU e instalaron el outsourcing para mejorar su productividad.

Pero le guste o no, Trump tendrá que lidiar con el sistema de contrapesos que impone el sistema estadounidense: el Partido Republicano y su agenda, los gobernadores y su racionalidad más bien local, el Congreso, la Constitución, la Corte Suprema, el sistema federal que dota a los estados de la Unión de amplios márgenes de autonomía.

En suma, Trump no solo es un peligro para México, lo es para el mundo entero; pero también para la democracia estadounidense, que tendrá que lidiar con las ocurrencias autoritarias de su nuevo presidente.

jshv0851@gmail.com

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