Agencias
Oaxaca, Oax.,- El tren avanzaba entre lomas y selva baja cuando el viaje se rompió en segundos. Un golpe seco, el rechinido del metal y luego el silencio cortado por gritos. En los vagones del Tren Interoceánico de la Línea Z, la mañana se volvió confusión, llanto y desesperación.
Era un día soleado en el tramo Chivela–Nizanda, a la altura del kilómetro 230+290. El tres había salido momentos antes de Salina Cruz en Oaxaca y se dirigía a Coatzacoalcos, Veracruz.
Testimonios de pasajeros coinciden: el convoy “venía muy fuerte”. De pronto, la sacudida lanzó a personas contra asientos y pasillos. Dos vagones se desprendieron y cayeron al vacío; un tercero quedó atravesado entre las vías. Dentro, la gente buscaba salir entre polvo, fierros doblados y maletas regadas.
Un pasajero que viajaba con su familia grabó un video minutos después. Su voz tiembla mientras camina entre los restos. “Muchísima gente está ahí tirada… dos vagones, tres vagones”, dice. Cuenta que iban en el último vagón y que, aunque golpeados, lograron salir. “Estamos tratando de sacar gente, porque sí está muy triste”, agrega. En el fondo se escuchan llamados de auxilio y llanto.
Otros pasajeros relataron escenas de pánico: personas atrapadas, niños llorando, adultos mayores inmóviles esperando ayuda. “Había gritos por todos lados”, narró una mujer que logró descender por su propio pie. La caída de los vagones al barranco dejó a varios pasajeros incomunicados, mientras quienes quedaron sobre la vía intentaban organizarse para auxiliar a los heridos.
El rescate fue lento. No hay caminos cercanos al sitio del descarrilamiento y el acceso solo fue posible caminando varios kilómetros por la vía férrea. Bomberos, rescatistas y personal médico avanzaron entre rieles para llegar hasta los vagones siniestrados.
Algunos heridos fueron evacuados en camillas improvisadas y camionetas que circulaban sobre los rieles de la vía; otros permanecieron sentados, en estado de crisis nerviosa.
La Secretaría de Marina informó que en el tren viajaban alrededor de 250 personas. En su último reporte confirmó que 13 perdieron la vida y 98 resultaron lesionadas; 36 de ellas reciben atención hospitalaria. Un total de 139 pasajeros fueron reportados fuera de peligro. Para las labores de atención se desplegaron 360 elementos, además de ambulancias terrestres y aéreas.
Mientras las autoridades continúan con el recuento y las investigaciones para determinar las causas del accidente, las imágenes del interior de los vagones y los testimonios de quienes sobrevivieron han marcado una jornada que de las vacaciones de fin de año se tornó en un acontecimiento sangriento.
En el Istmo de Tehuantepec, el paso del tren —emblema del proyecto interoceánico— quedó suspendido entre fierros torcidos, silencio y una mañana que cambió el rumbo de decenas de familias.





