La democracia en México tendrá su “prueba de fuego” este 2017

Jesús M. Moreno Mejía

Jesús M. Moreno Mejía

La democracia es, casi

siempre, el dominio

de los más fuertes”.

George Clemenceau

Tenemos en puerta procesos electorales en Coahuila, Nayarit y Estado de México, lo cual se puede considerar como “la prueba de fuego” para la democracia en México, y para ello es necesario que toda la ciudadanía en edad de votar tome consciencia de que hay que acudir a sufragar el 4 de junio, pues mediante el abstencionismo seguiremos teniendo “más de lo mismo” a nivel estatal y nacional.

La ausencia de electores en las casillas, e incluso los votos anulados, siempre han favorecido al partido en el poder pues así resulta más fácil manipular los resultados y, por lo tanto, que se den por triunfadores los candidatos de siempre.

Por lo pronto, repasemos los preámbulos del día de las elecciones en Coahuila (cuando menos hasta el momento de redactar este artículo), para tener una idea más clara de lo que nos espera en nuestra entidad en cuanto a seleccionar a quien debemos elegir como nuevas autoridades ejecutivas y legislativas.

El domingo 26 de febrero el Partido Revolucionario Institucional (PRI) “seleccionó” a Miguel Ángel Riquelme Solís como el abanderado del tricolor para la elección del nuevo gobernador de la entidad, lo cual no resultó ser ninguna sorpresa pues el teatro ya estaba preparado de tal manera que fuera él, ya que así lo había considerado conveniente el “Gran Dedo” de apellido Moreira (léase, el Gobernador de Coahuila, Rubén Moreira).

El “oponente” (o patiño) del alcalde de Torreón con licencia fue Jesús Berino Granados, quien fuera “invitado” a participar en la elección interna solo para “engordarle el caldo” al delfín en dicho proceso votante innecesario, que por cierto se andaba saliendo de control, pues fuera de los resultados oficiales las cifras fueron las no esperadas, ya que no hubo afluencia abundante de priístas, casi hubo un empate entre ambos e incluso hubo algunas boletas anuladas con expresiones insultantes.

Los resultados oficiales distaron mucho de ser los reales y hasta se incurrió en dar a conocer cifras contradictorias, tales como que se habían impreso 400,000 boletas y que se habían emitido 500,000 resultados, “en su mayoría a favor de Riquelme”. Trascendió que el propio gobernador citó al día siguiente a los directivos y líderes del PRI, para llamarles la atención por no haber cumplido como se esperaba el proceso interno.

Por su parte, el Partido Acción Nacional (PAN), a través de su Comité Ejecutivo Nacional, decidió semanas antes que fuera Guillermo Anaya Llamas (Memo Anaya, como popularmente se le conoce), el que representara al instituto albiazul en la contienda del domingo 4 de junio, quien incluso ya ha estado en precampaña en los medios de comunicación, como lo han hecho los otros, aunque figurando como precandidatos pues todavía no se emite el registro oficial de aspirantes en el Instituto Electoral de Coahuila (IEC), conforme lo establece la convocatoria respectiva.

Ya se han “destapado” como precandidatos para la elección de nuevo gobernador: Armando Guadiana Tijerina, por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena); José Ángel Pérez Hernández, por el Partido del Trabajo (PY), y Mary Telma Guajardo Villarreal, por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Nuestro estado cuenta con el mayor número partidos políticos, reconocidos por el Instituto Electoral de Coahuila (15 en total); los cinco antes mencionados y diez más entre nacionales y locales, que se han coaligado al PAN y al PRI.

En el primer caso se autodenominan “Alianza Ciudadana por Coahuila”, teniendo al PAN a la cabeza y como sus adherentes: la agrupación política Unidad Democrática de Coahuila (UDC), el Partido Primero Coahuila (PPC) y el Partido Encuentro Social (PES).

En tanto que al PRI se le unieron los Partidos Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza; Campesino Popular, Joven, Social-demócrata Independiente, y de la Revolución Coahuilense.

Así mismo, existen dos precandidatos independientes, el ex legislador priísta Javier Guerrero García y Luis Horacio Salinas Valdés (Lucho), hijo del connotado priísta de Saltillo, Luis Horacio Salinas Aguilera, quienes deberían recabar más de 30,000 firmas de apoyo a más tardar el 3 del presente mes de marzo, a fin de oficializar su postulación de acuerdo a las disposiciones del IEC.

Lo curioso del caso en este proceso de elección de nuevo gobernador, es que por primera vez figuran cuatro laguneros que aspiran a ser el titular del Poder Ejecutivo de Coahuila (Guillermo Anaya Llamas, Miguel Ángel Riquelme Solís, Javier Guerrero García y José Ángel Pérez Hernández).

La división interna existente en los tres principales partidos políticos (PAN, PRI y PRD), auguran posibilidades de alternancia en el Gobierno del Estado, pues a falta de cohesión entre ellos mismos y la falta de credibilidad de los ciudadanos en los institutos políticos de siempre, avizora “vientos de cambio” en el mundo político de Coahuila, si así lo deciden los coahuilenses.

Y es que, como lo comentamos al inicio de este artículo, se hace obligatoria la participación de la ciudadanía el día de las elecciones, pues los cambios no ocurren como en los cuentos o en los milagros de los santos.

Todos los ciudadanos de Coahuila deben tomar consciencia desde ahora y decidir ir a votar por quien decidan el día de las elecciones, pertenezca o no a un partido político (pues seguramente habrá, cuando menos, un candidato independiente en el proceso electoral).

También debemos recordar que el domingo 4 de junio se votará no sólo por nuevo gobernador, sino también por presidentes y ayuntamientos (en esta ocasión con duración de un año) de los 38 municipios, así como 25 diputados ante el Congreso Estatal (16 electos por mayoría relativa y nueve por el principio de representación proporcional).

El destino de nuestra entidad, y posiblemente adelantándonos al 2018, está en la determinación de todos y cada uno de nosotros, pues no olvidemos lo que sentenció Goerge Clemenceau, político francés de principios del siglo pasado: “La democracia es, casi siempre, el dominio de los más fuertes”, y los más fuertes deberíamos ser nosotros y no los políticos; que lo han sido porque nosotros lo hemos permitido.

¡Hasta la próxima!

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