Milennials

Salvador Hernández Vélez
Salvador Hernández Vélez

Hace dos días, todos en el País, no sólo en Monterrey nos impactamos por los acontecimientos en el Colegio Americano de esa ciudad. Lo más preocupante según señalan los medios es que el adolescente, autor del ataque, lo anunció en las redes sociales, en su grupo “Legión Holk”. Horas después del atentado, un usuario del mismo, identificado como Juan Pablo posteó que “Fede Guevara había muerto como leyenda, y que no se habían equivocado al elegirlo”.

Acontecimientos como éstos se relacionan con las redes sociales y los trastornos de la personalidad como la depresión, la ansiedad, las adicciones, la esquizofrenia, en general temas muy actuales sobre las enfermedades mentales, que fueron tratados en el “Diplomado Psicoterapia cognitivo conductual aplicada a trastornos de salud mental,” en la Escuela de Psicología de la Universidad Autónoma de Coahuila Unidad Saltillo con la participación del Instituto Nacional Cognitivo Conductual de Salud Mental (Incosame) y el Centro Estatal de Salud Mental (Cesame), que fue clausurado el sábado pasado.

Como sostiene Darian Leader, el periodo de la posguerra fue considerado la “era de la ansiedad” y las décadas de 1980 y 1990 como la “era de los antidepresivos”. Ahora, en pleno siglo 21 estamos en la “era de la bipolaridad”. Durante mi intervención recordé lo que plantea Simon Sinek sobre los millennials. El escritor inglés afirma que actualmente vivimos una situación muy conflictiva porque la relación de las redes sociales y los celulares genera un químico llamado dopamina. Se considera a la dopamina el neurotransmisor del placer. Regula la motivación y el deseo. Y hace que repitamos conductas que nos proporcionan beneficios o placer.

Ello tal vez explica nuestra dependencia de los dispositivos electrónicos. La dopamina se libera tanto con estímulos agradables como con desagradables. Se libera con las bebidas alcohólicas, con el tabaco, con las apuestas y también con la conexión a los celulares. Por eso se hace adictiva la relación con los dispositivos celulares. Sin embargo, en el caso del alcohol, el tabaco y las apuestas hay reglas que restringen: tomar, fumar o apostar. Hay restricciones y horarios para adquirir alcohol o tabaco, o bien para los juegos de apuestas.

Con relación a las bebidas alcohólicas, sus etiquetas contienen mensajes que señalan que el consumo inmoderado del mismo es malo para la salud. Y en las cajetillas de cigarros hay leyendas como las siguientes: “Fumando dañas gravemente tu salud”, “La nicotina es una sustancia altamente adictiva”, “Contiene más de cuatro mil sustancias, muchas de ellas venenosas y otras cancerígenas”. Pero en el caso de los celulares no hay ningún tipo de restricción para su uso, ni tienen mensajes de los daños que causan a la salud.

La conexión de los jóvenes millennials con los celulares y con la cama los desconecta totalmente de la realidad. A la hora de acostarse se hacen acompañar de su aparato móvil. Con frecuencia dicen “tuve insomnio, no pude dormir”. Tal vez no es insomnio, sino que la conexión con el celular que genera dopamina les impide conciliar el sueño. Es lógico, no se desconectan de las redes sociales, porque no tienen sueño y en consecuencia se levantan muy tarde, entonces se vuelve un círculo vicioso: celular-redes sociales-insomnio-depresión-celular.

La revista Time identificó como millennials o Generación del Milenio a los nacidos a partir de 1984 y hasta el año 2000, es una generación, según Simon Sinek, que cree que son merecedores de todo, lo que les genera un carácter, egoísta, narcisista, perezoso e impaciente. Por lo general no son felices. Porque desde su nacimiento se les hizo saber especiales, que podían tener y alcanzar todo. Por la tecnología viven en un mundo donde se les muestra a través de las redes sociales que la vida es genial y asombrosa como en una pantalla y, si no es así, hay problema, y caen en grave depresión.

Se caracterizan por ser en su mayoría una generación impaciente. Lo que no pueden obtener con facilidad, les causa frustración. El ambiente generado por el uso de la tecnología no permite desarrollar con facilidad la creación de mecanismos sociales de convivencia, por tanto no pueden realizar vínculos afectivos con facilidad ni relaciones laborales que los satisfagan. O como dice Byung-Chul Han ya estamos en la era de los estados patológicos neuronales.

jshv0851@gmail.com

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