La Revocación de Mandato en Oaxaca estuvo rodeada de denuncias previas por compra del voto, uso de recursos públicos y propaganda oficial. Durante la jornada se registraron quema de urnas, destrucción de casillas, fallas logísticas y baja participación ciudadana. Los hechos dejaron en entredicho la actuación de las autoridades electorales y colocaron al estado en la lupa nacional
A partir de hoy, este espacio ofrecerá análisis político y periodístico sobre los hechos que marcan la vida pública de Oaxaca, con contexto, datos y mirada crítica.
Oaxaca amaneció el domingo convertido en laboratorio político nacional. No por la pulcritud del ejercicio, sino por el cúmulo de denuncias, irregularidades y hechos de fuerza que rodearon, antes y durante, la jornada de Revocación de Mandato.
Desde semanas previas, el proceso ya arrastraba cuestionamientos. Acusaciones de compra y cooptación del voto, presiones a beneficiarios de programas sociales, uso de recursos públicos y una propaganda gubernamental omnipresente, desplegada con mayor intensidad justo cuando la ley ordena silencio, marcaron el arranque de este ejercicio inédito en la entidad.
La frontera entre promoción institucional y propaganda política se volvió difusa. Demasiado. Vehículos oficiales, brigadas territoriales y mensajes encubiertos circularon en comunidades donde la necesidad pesa más que el discurso democrático. Todo esto ocurrió antes de que se instalara la primera casilla.
El día de la jornada no se corrigió el rumbo. Lo confirmó. A lo largo del domingo se reportaron incidentes graves: quema de urnas, destrucción de casillas, conflictos políticos y comunitarios que impidieron la instalación de centros de votación y hechos de violencia que obligaron a suspender el ejercicio en algunas localidades. No fueron casos aislados, ni hechos menores. Fueron síntomas de un proceso que nació tensionado.
A la par, las autoridades electorales reconocieron fallas logísticas, cambios de ubicación de casillas, problemas de conectividad y la ausencia de casillas especiales, lo que dejó fuera a miles de ciudadanos en tránsito. El derecho al voto, una vez más, quedó condicionado por la geografía y la improvisación.
La afluencia de votantes, además, fue baja. Aunque hubo participación en algunos puntos urbanos y comunidades movilizadas, el ánimo general estuvo lejos de una jornada masiva. El propio órgano electoral anticipó una participación que difícilmente alcanzaría el umbral para que el ejercicio sea vinculante.
Y ahí está el fondo del asunto.
Más allá del resultado, la Revocación de Mandato en Oaxaca deja preguntas incómodas: ¿puede hablarse de voluntad popular cuando el proceso está rodeado de presión política, propaganda oficial y denuncias de inducción del voto? ¿Qué tan libre es un ejercicio cuando la violencia y el uso del aparato público se convierten en variables constantes?
Oaxaca ya está en la lupa nacional. No por la madurez democrática que se prometió, sino por la fragilidad institucional que exhibió. El reto ahora no es sólo contar votos, sino explicar cómo se organizó un proceso que, lejos de fortalecer la democracia, volvió a ponerla en entredicho.
Porque en política, como en las urnas, las formas también cuentan. Y esta vez, las formas fallaron.
EL ÁREA GRIS
Rita Bell, la consejera incómoda
Cada vez genera más ruido el papel que juega la consejera electoral Rita Bell López Vencen fuera y dentro del Instituto Nacional Electoral.
Bajo el argumento de “supervisión” del proceso de revocación de mandato, la consejera se dejó ver en Oaxaca a título personal, sin respaldo ni representación del Instituto, pero con una agenda paralela claramente identificable.
Fuentes internas advierten que, como ya es costumbre en el INE, la consejera López Vencen habría aprovechado el viaje para mover intereses privados, impulsar los negocios de su marido y promover a sus protegidos, mezclando asuntos personales con la investidura que ostenta.

Y lo más osado es que la consejera todavía tuvo el arrojo de publicitar en sus redes sociales su presencia en Oaxaca, y peor aún, asegurando que iba en representación del INE, cuando no fue así.
Aguas, gobernador Salomón Jara: la presencia de la consejera Rita Bell empieza a resultar cada vez más incómoda allá… y acá también.






