Caminata de exploración

Salvador Hernández Vélez
Salvador Hernández Vélez

Hace unos seis años, mi papá, casi a sus 80 veranos, nos acompañaba a un grupo de amigos a caminar en la Sierra del Mármol. Ésta es la parte final de la Sierra de Jimulco, y precisamente termina donde se unen los estados de Coahuila, Durango y Zacatecas, al suroeste de nuestro Estado; los habitantes de esos lugres lo llaman punto trino. En aquella ocasión, don Nico Sandoval Rivera, nuestro guía de Viesca, nos condujo por las viejas veredas que usaron los recolectores de guayule, de esa planta obtenían un látex que les compraban para elaborar llantas en la Segunda Guerra Mundial. También las transitaban los recolectores de candelilla y lechuguilla. Él tiene un gran conocimiento de esa sierra, como él suele expresarse: “la conoce como la palma de su mano”. Don Nico tiene 75 años. Es alto, delgado, curtido por el trabajo, el sol y el viento; es “corrioso” como dicen en mi pueblo, tiene una gran vitalidad para caminar en esas sierras por largas jornadas.

En estos tiempos en que ya no hay manantiales en Viesca, don Nico se dedica a la elaboración de carbón. Lo trabaja en unos rudimentarios hornos, que hacen excavando un pozo en la tierra, que llenan de leña verde de mezquite. Le prenden, lo sepultan con tierra, y le dejan algunos puntos de respiración, a estos hornos los carboneros, les llaman “chavetes”.

Podemos decir que don Nico ha vivido en esa sierra toda su vida. Es su hábitat. Sabe convivir con la naturaleza en esas montañas semidesérticas, las vive cada día, las disfruta, son parte de él. Realizamos esta caminata el pasado 29 de diciembre, y llegamos a la parte más alta de la sierra. Después de seis horas de caminar, estábamos en lo más alto del recorrido, hicimos una parada para brindar, porque en ese momento iniciaba la bajada.

En la plática, mientras descansábamos un poco y agarrábamos aire, porque esa vereda está muy inclinada, Zoar, una de las caminantes, le preguntó a don Nico: y usted qué es; él contestó: “yo soy libre”, nos quedamos impactados. Y remarcó: “soy libre porque no pertenezco a ningún grupo, trabajo solo, donde yo quiero”. Tal vez por eso a sus 75 años tiene una gran energía, y goza de su propia libertad, sin ataduras que la vida urbana nos proporciona en este mundo neoliberal.

Los meses anteriores llovió mucho en La Laguna, las sierras están muy verdes y con una vegetación muy desarrollada. Las veredas están invadidas por nopales rastreros, tasajillos, cardenches; ramas de mezquite, huajillos y chaparros prietos, además abundan magueyes, lechuguillas, yucas, alicoches, biznagas y ocotillos, todos espinosos. Hay también gran cantidad de gobernadoras, hojasen, salvias reales, cenizos y zacates, entre otras especies xerófitas.

Lo anterior provoca que no se vean las veredas en muchos tramos. Por eso, muchas veces sólo nos guiamos por los cañones y por los picachos de los cerros.

No pocas veces pisamos nopales rastreros y tasajillos escondidos entre los zacatales. Lo mismo nos pasaba con las espinas de los magueyes y de las lechuguillas que a cada momento nos cobraban que les anduviéramos invadiendo su territorio.

Por otro lado, estuvo muy pesada la caminata porque por el deslave causado por las corrientes de agua, había muchas piedras sueltas, y es más difícil caminar sobre ellas. Recorrimos 6 mil 732 metros. Iniciamos al sur de la sierra, donde colindan los municipios de San Juan de Guadalupe, Durango, y el de Viesca, Coahuila. Nos trasladamos a un punto conocido como la noria de Guerrero, por el Cañón de Sorruedos que inicia atrás del Cerro del Madero, al sur del Pueblo Mágico de Viesca. Ahí la altura sobre el nivel medio del mar (snm) es de mil 500 metros.

El punto más alto al que llegamos es de mil 830 metros (snm). Esto es, subimos 330 metros. Hasta aquí habíamos recorrido un poco más de 5 kilómetros. Al bajar la sierra, en ese punto la altitud (snm) es de mil 560 metros y la distancia de dicha inclinación es de mil 600 metros.

En esta aventura participamos don Nico, Norma Hernández y Zoar Martínez, escaladoras; Valeria Hernández, estudiante de primer semestre de la UTT; Saúl Hernández, estudiante en la ULSA; Martín Hernández director del IDEA, de la UAdeC Unidad Torreón, mi hijo Alfredo Hernández y el que esto escribe. En esta ocasión, como dijo Zoar, no fue un ejercicio de senderismo, sino una caminata de exploración.

jshv0851@gmail.com

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